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La Respuesta de un Corresponsable 2018-05-01T10:14:58+00:00

Fin de celebraciones

Por Richard Rosario

Después del domingo de resurrección, muchos de nosotros andábamos celebrando, rompiendo nuestro ayuno, comiendo comidas que sacrificamos y disfrutando de activadas que dejamos durante la cuaresma. Pero ya pasó casi un mes desde la cuaresma, y algunos de nosotros no hemos dejado de celebrar desde entonces.

Este año, decidí hacer mi sacrificio cuaresmal relacionado a la corresponsabilidad. Decidí que iba hacer cambios en mi vida como adulto joven. Esto incluía cambios financieros, espirituales y personales. La cuaresma parecía como la oportunidad perfecta para reflejar como iba a realizar estos cambios y estar más cerca de Dios.

Empecé en febrero – decidí que iba a gastar menos dinero, incorporar la oración en más partes de mi vida personal y comer más sano acompañado del ejercicio.

A mitades de marzo, empecé a ver los resultados. Mi cuenta de banco tenía más dinero al dejar de comprar cosas innecesarias, traer mi propia comida al trabajo y buscar alternativas baratas para actividades durante el fin de semana.

Estaba rezando más a menudo y empecé a ver cosas de manera positiva que normalmente no hubiera visto de ese modo. La oración se estaba convirtiendo en algo normal durante mi rutina, en vez de algo que se hace antes de comer y antes de dormir.

Mi cuerpo estaba respondiendo de manera positiva también. Perdí ocho libras y no me apretaban tanto los pantalones. Empecé a considerar opciones saludables cuando comía. Me rendía más la energía.

Todas estas cosas me ayudaron a ser más corresponsable – corresponsable con mis finanzas, corresponsable con mi espiritualidad, corresponsable con mi cuerpo.

Luego llego la pascua…

Aún no he dejado de celebrar desde el domingo de resurrección. Tampoco ayuda cuando tengo varios amigos que cumplen años en abril. Dejé de cumplir con los sacrificios que me impuse durante la cuaresma.

He estado gastando dinero en comida, conciertos y celebraciones fuera de la ciudad casi todos los fines de semana desde el domingo de resurrección. He dejado de rezar con la frecuencia que rezaba durante la cuaresma. He dejado de hacer ejercicio toda la semana. Mi dieta incluye más tacos y comida rápida, pero menos ensaladas y opciones saludables.

Cuando les pregunte a unos amigos como les iba después de la cuaresma, me dijeron que también dejaron de cumplir con sus sacrificios cuaresmales.

¿Pero por qué?

Para empezar, 40 días a veces no es suficiente para arreglar un problema que lleva años. Como amigos nos apoyábamos para mantener nuestros sacrificios durante la cuaresma. Pero ahora hemos perdido nuestro sistema de apoyo que era útil en mantener nuestros sacrificios.

La cuaresma no debió haber sido la solución para malos hábitos que llevan años. Debió haber sido un tiempo de reflejar en que podemos cambiar para mejorar nuestras vidas. Nos debió haber preparado para la resurrección de nuestro Señor.

Todo lo demás tiene que venir de nosotros.

Si continúo viviendo como lo hacía antes de la cuaresma, mi vida saludable y espiritual podría caer. Pero también tengo la opción de mantener los buenos hábitos que desarrolle durante la cuaresma y recrear el sistema de apoyo.

Basado en los resultados que empecé a ver durante la cuaresma, quizás sea tiempo de poner en pausa las celebraciones excesivas.

¿Humilde o mal agradecido?

Por Richard Rosario

La humildad es apreciada. Solemos ver la humildad como una característica deseada. Los que poseen humildad se perciben como razonable y accesible. Una de los aspectos de la humildad es la habilidad de no verse como la persona más importante. Todo esto es algo útil dentro de la evangelización y el ministerio.

Pero, ¿hasta qué punto se convierte la humildad en algo malo? ¿Cuándo es que la humildad se convierte en negligencia?

Pensando que uno es la persona más importante en cualquier ambiente puede impedir la creación de relaciones. La gente respeta la humildad. Es una manera de recordarnos de nuestra humanidad, y de que todos somos hijos de Dios.

Ahora, el problema empieza cuando empezamos a pensar que somos la persona menos importante, hasta el punto de pensar que no valemos nada. Si realmente creemos que no somos importante, estamos negando parte de nosotros.

Todo lo que somos y todo lo que tenemos es gracias a Dios. Eso es la Corresponsabilidad. Así que, si tenemos un talento, pero evitamos usarlo, estamos rechazando un don de Dios. Un niño que recibí un gran regalo, pero lo rechaza, lo desecha o lo ignora, se le dice que es un mal agradecido. Estaríamos actuando de la misma manera si rechazamos los dones de Dios.

A veces creemos que estamos siendo humildes cuando no le ponemos importancia a nuestros dones. Pero, todos tienen un lugar en la Iglesia porque Dios nos da dones a todos. Como hijos de Dios, tenemos el mandato a través del bautizo de tomar parte de una vida activa en la iglesia.

Esto es cierto con el tiempo, talento y tesoro. Teniendo una presencia en la iglesia no nos exenta de nuestra responsabilidad financiera que tenemos en nuestras parroquias. Tampoco dar generosamente nos cubre para luego no estar involucrados en los ministerios de la iglesia.

Aunque lo que demos en la colecta no lo veamos como significativo comparado a los demás, con que demos de lo que tenemos o no de lo que nos sobra, estamos actuando Corresponsablemente con los dones que Dios nos da. Quizás uno solamente puede dar $5 cada semana. Pero si esos $5 los da uno con oración, intención y sacrificio, entonces esos $5 son significativos.

Tener sentimientos de incertidumbre sobre nuestros talentos está bien. Somos humanos con diferentes emociones. Pero, sentirse inadecuado es algo más extremo. Si uno está abierto para servir a Dios, podemos encontrar nuestro llamado dentro de alguno de los ministerios de la iglesia. Quizás no sea obvio, pero sigue ahí de todos modos.

La humildad puede ser algo bueno. Sentirse inadecuado puede ser algo malo. Dios nos crea específicamente a cada uno de nosotros en su imagen y semejanza. Todos tenemos un propósito y un llamado, llevándolos a cabo con los dones que Dios nos da. Aceptando nuestros dones con humildad para servir es un buen modo de demostrarle a Dios lo agradecidos que estamos con él.

Valorando a los demás

Por Richard Rosario

“Está viejito y no conoce la realidad, ¿porque sigue aquí?” “Es muy estricta para ser catequista, ¿por qué no la han dejado ir?” “Esos padres no pueden controlar a sus niños, ¿porque los dejan llorar durante la misa?”

¿Cantas veces oímos esto en la iglesia?

Esta son cosas que normalmente oímos de los demás, y a veces nos quedamos callados. Puede ser por evitar un enfrentamiento, o porque estamos de acuerdo con lo que se dice. No solemos tomar una posición en contra de lo que se dice. Pero lo que especialmente no vemos es nuestro error.

Todos fuimos creados en la imagen y la semejanza de Dios. La Corresponsabilidad nos dice que cada uno de nosotros recibe ciertos dones. Estos dones pueden ser talentos, tiempo o tesoro. Cada persona es diferente y cada persona recibe dones diferentes. Por esto es que están mal los que critican.

Alguien de mucha edad obviamente fue bendecido abundante con el don del tiempo. Para quienes hemos perdido seres queridos, sabemos que no todo el mundo tiene la misma cantidad de tiempo. Pero con ese tiempo, viene el conocimiento, la sabiduría y la experiencia. Esas tres cosas son muy valiosas. Así que si ese “anciano” es tan valioso, ¿por qué ignoramos sus dones, concentrándonos únicamente en la edad como algo negativo?

Ser un buen catequista es difícil principalmente por todos los dones requeridos para poder hacerlo. ¿Así que si finalmente encontramos a un buen catequista, es justo insultar a él o ella por seguir las reglas? Nos olvidamos que los catequistas requieren el don de la paciencia al tratar con niños. Además, esta formación es una fundación que los niños llevarán con ellos para el resto de sus vidas.

Los niños lloran cuando tienen sueño, cuando están hambrientos, cansados, aburridos, sensibles, lastimados, creciendo y básicamente todo lo demás. ¿Pero por qué nos molestamos cuando los niños lloran durante misa? Los niños son un don para la iglesia. Ellos son el futuro de la iglesia y le garantizarán su continuidad. Incluso pueden ser futuros sacerdotes, diáconos, o hermanos y hermanas religiosas. ¿Es justo avergonzar a sus padres porque sus niños lloran?

Todos estos ejemplos muestran cómo no vemos los dones de los demás. En algunos casos, quizás podemos ver esos dones, pero preferimos ignorarlos porque sería un inconveniente. Pero negarle a alguien su don es negar a Dios quien se lo otorgo.

Tenemos que ignorar los chismes y la crítica para poder ver los dones que todos tienen. Ahora, en algunas personas es difícil ver sus dones, pero de todos modos están allí. Con una nueva perspectiva, podemos ver al niño llorando y pensar: “Voy a tener algunas historias divertidas para contarle cuando se convierte en un sacerdote.”

Dones ocultos

Por Richard Rosario

Tengo una herman 15 años menor que yo. Al crecer, la veía más como una responsabilidad que como alguien con quien jugar y compartir. Después de que se vomitaba en mis camisas chidas, de cambiarle sus pañales apestosos, o estresarme de mantener objetos pequeños fuera de su alcance, todo deseo de tener un bebe quedo muerto dentro de mí. Pero, lo que si desarrolle eran dones que utilizaría después de grande.

La “bebecita” ya tiene 10 años, y aún sigue siendo la beba de la casa. También tengo una hermana que es un año menor que yo. Entonces ella es la hermanita, y la de 10 años es la bebecita.

La bebecita tiene una gran madurez para una niña de 10 años. Pero, aunque ella se crio con adultos, a veces actúa como una niña en otras situaciones. Por ejemplo, puede discutir sobre la política, pero también toma tiempo para jugar con muñecas. Pide un set de química como regalo, pero lo usa para crear “slime.” Constantemente nos recuerda que es una jovencita que esta madurando y a la vez una niña juguetona e inocente.

Hace unas semanas, mi mama tenia dolor en el estómago, y resulto ser apendicitis. Esto paso un domingo por la mañana, y mi mama se iba a tener que quedar en el hospital hasta el lunes por la tarde. Mi papa se iba tener que quedar con ella también. Eso significaba que los hermanos mayores de 25, 24 y 21 años iban a cuidar a la bebecita de 10.

Estábamos en una situación incómoda porque, aunque la bebecita era nuestra hermana, estábamos tomando decisiones como padres. Por ejemplo, teníamos que prepararla para misa al igual que nosotros. Teníamos que buscarle ropa apropiada, asegurarnos que desayunara, y asegurarnos que se arreglara, como peinarse y lavarse los dientes.

Después, cada uno tomo turnos en cuidarla. Yo le hice de comer. Después, la hermanita llevo a la bebecita al cine para distraerla un poco. Después, el hermanito jugo video juegos con la bebecita. Después le compramos de comer, le preparamos sus osas para el siguiente día, y la llevamos a dormir. La siguiente mañana, le ayudamos a prepararse para la escuela, la llevamos, y luego la recogimos.

La bebecita mostro madurez durante la situación. Al solo tener 10 años, ella supo comportarse durante una situación donde su mama estaba en el hospital. Pero sus dependencias como niña también se mostraron cuando necesitaba de sus hermanos mayores para proceder con su rutina diaria. Ella tenía un don de madurez que muchos otros niños de 10 años no poseen. Pero también tiene el don de la inocencia. Lo más probable era que ella no tenía idea de que poseía los dos dones.

De manera similar, los hermanos mayores tampoco conocían los dones que utilizaban. Primero, la bebecita hace muchas preguntas y le gusta mucho bailar y cantar. Si no lo sabíamos antes, ahora sabemos que tenemos el don de la paciencia. También nos dimos cuenta que teníamos el don de consolar y animar a los demás durante una situación difícil. Esto no es algo que muchos hermanos mayoras saben hacer, pero tampoco hay muchos hermanos que tengan 15 años de diferencia.

Aprendí que a veces nos encontramos en situaciones que muestran dones que quizás nuca supimos que teníamos. Unos salen por instinto otros por necesidad. Así que a lo mejor tengo dones que me ayudaran a ser un buen papa, pero no significa que lo pondré a prueba tan pronto.

Una visión de la utopía

Por Richard Rosario

Vecino ayudando a vecino. Vecino ayudando a vecino. No vecinos “X” solamente ayudando a vecino “X”, vecinos ayudándose en el sentido del Evangelio. Esta escena utópica estuvo presente mientras Harvey causo daños apocalípticos.

El Sureste de Texas obtuvo ayuda de áreas vecinas cuando la tormenta golpeó. Gente al azar de lugares al azar en grandes camiones y barcos estaba en la tormenta ayudando a la gente al azar en las inundaciones. Al final del día, había personas necesitadas y hubo quienes utilizan sus recursos para ayudar a satisfacer esa necesidad.

Todo el mundo fue afectado de alguna manera por la tormenta. Incluso si a alguien se le salvo su hogar, todavía había algunas experiencias traumáticas. Esto podría haber sido la falta de agua potable, la escasez de comida, estar unas semanas sin paga y traumas psicológicos incluso que podrían conducir a la ansiedad y la depresión.

Pero para cada problema, parecía que alguien se presentaba con una solución. Personas estaban ayudando a distribuir el agua. Personas donando alimentos o usando sus recursos para preparar comida. Personas estaban ofreciendo ayudar a pagar facturas y gastos para aquellos sin ingresos por Harvey. Algunos solamente estuvieron presentes para cualquier persona que necesita alguien para hablar.

Esto fue Corresponsabilidad perfecta – gente dando sus dones sabiendo que no iban a obtener nada a cambio.

Todos los que tenían dones para ofrecer lo hicieron en cualquier capacidad que podían. Incluso una camioneta grande o un barco, lo que se percibía como excesivo para algunos, fue fundamental para salvar gente de las inundaciones. Ahora vemos algunas cosas de manera distinta, y hasta se convirtieron en importantes recursos de los cuales ahora estamos agradecidos.

A pesar de que todavía hay muchas áreas dañadas y afectadas en la diócesis, ha comenzado el ciclo de la normalidad para algunos. Lamentablemente, las constantes peleas y la tensión que hubo antes de la tormenta también empezaron a su normalidad. Diferencias en la política parecen ser uno de los factores principales en lo que está causando la tensión.

Estas diferencias se intensificaron cuando funcionarios electos fueron interrogados sobre cómo no pudieron evitar este desastre. Algunos discutían que la respuesta de la administración presidencial actual no fue suficiente no sólo para Harvey, sino para todos los otros huracanes que han afectado a los Estados Unidos, sobre todo el Huracán María que afectó a Puerto Rico. Recientemente, el tiroteo en Las Vegas que mató a muchas personas a reanimado el debate sobre el control de armas.

La cultura de vecino ayudando a vecino que estuvo presente durante la tormenta ya ha disminuido. ¿Qué ha pasado?

La Corresponsabilidad es parte de ser discípulos. Casi todos los que ayudaron durante la tormenta vieron la humanidad en su vecino y respondieron como discípulos. Pero después empezamos a volver a nuestras rutinas normales, comenzamos expresando nuestros prejuicios y nuestras opiniones en vez de expresarnos como discípulos.

Expresar nuestras creencias y opiniones no es algo malo. Todos tenemos problemas que nos afectan personalmente. Algunos problemas se tratan de nuestra humanidad y no debemos dejar de abogar por ellos. Sin embargo, esto no significa que nos debemos olvidar que somos vecinos. No debemos dejar de ver el rostro de Jesús en los demás.

Jesús nos dio dos reglas en el Evangelio: 1) Amarás a Dios sobre todas las cosas 2) Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos durante la tormenta. Esta fue nuestra visión de la utopía. Ahora solo tenemos que recordar que tenemos que seguir amando a nuestros vecinos mientras continuamos a reconstruir nuestras vidas.

Esta es nuestra realidad

Por Richard Rosario

La Iglesia parece que se está enfrentando a un problema de crecimiento. Parece que hay menos seminaristas, menos gente en las bancas y menos jóvenes en misa. Esta es nuestra realidad. Esta es la mano que nos ha repartido.

Pero, ¿cómo respondemos como iglesia y comunidad a estos problemas que parecen estar sucediendo a nuestro alrededor?
En nuestro bautizo, recibimos el Espíritu Santo. Uno de los dones del Espíritu Santo es el entendimiento. Creo que este don puede ser olvidado. Este don nos ayuda a entender las verdades de nuestra fe, así como nuestro lugar con Dios.

¿Pero realmente infrautilizamos este don? ¿No sabemos las verdades de nuestra fe o nuestro lugar con Dios? Bien podríamos, ¿pero ponemos esto en práctica?
La respuesta al tema del crecimiento dentro de la Iglesia podría estar fuera de las paredes de la Iglesia. Por ejemplo, ¿por qué hay menos gente en las bancas? No sé. ¿Hemos tratado de preguntarle a la gente que se fue?

Estas personas obviamente no están dentro de la Iglesia, así que vamos a tener que evangelizar fuera de nuestras parroquias.

Sin embargo, es necesario el don del entendimiento para conocer no sólo las verdades de nuestra fe, pero también ser capaces de empatizar con nuestros hermanos y hermanas que dejaron la Iglesia. Tenemos que ver por qué se fueron. ¿Qué les hacía falta? ¿Por qué la parroquia no cumplía sus necesidades espirituales? Y algo que se nos puede hacer difícil de entender – ¿qué podemos cambiar para hacer que vuelvan?

La razón que es difícil es que algunas cosas no pueden cambiar. La verdad no cambia y tenemos que usar nuestro don del entendimiento para saber que las verdades de nuestra fe no cambian. Por otra parte, lo qué puede cambiar debe, sobre todo si queremos un ambiente hospitalario en la Iglesia, incluso para las personas que sean nuevas en la Iglesia.

Podemos cambiar nuestro ministerio de hospitalidad para ser más acogedores. Podemos cambiar el liderazgo de nuestros ministerios para tener nuevas ideas. Podemos cambiar la liturgia musical para ser más alegre. Incluso, podemos crear nuevos ministerios para atraer nuevas familias o para retener a las familias que se están alejando de la Iglesia.

El don del entendimiento también nos puede ayudar a ver por qué los adultos jóvenes están dejando la Iglesia. Las estadísticas muestran que los adultos jóvenes no se están casando, no están comprando casas o coches, no están empezando familias o no se identifican con ninguna religión organizada.

Esto puede ser confuso para algunos porque generaciones anteriores normalmente ya trabajaban tiempo completo, estaban casados, tenían familia, tenían una casa y un coche y se registraban en su parroquia ya a la edad de 25 años. Pero en el 2017, un adulto joven de 25 quizás no tenga nada de eso, o puede tener todo eso y más. Ellos a veces no eligen esto. Se trata de su economía actual, el mercado de vivienda y la crisis de préstamos estudiantiles para los que estudian. Esta es su realidad.

Como cristianos corresponsables, no solamente recibimos dones de Dios, también tenemos la responsabilidad de cultivarlos y ponerlos al servicio de los demás. El don del entendimiento nos ayuda a realizar esto. El crecimiento nunca es fácil y puede ser incómodo. Pero tenemos la responsabilidad de cumplir con lo que se nos dio en nuestro bautizo y usarlo para responder a las necesidades de la Iglesia. Esta es nuestra realidad.

Oración en acción

Por Richard Rosario

Parece que el mundo se está volviendo más oscura y más violenta. Los tiroteos son más frecuentes, tanto a nivel local y nacional. También parece estar creciendo la animosidad entre personas que normalmente se estarían llevando bien. Y cada día la brecha entre el gobierno y los gobernados parece abrirse más.

Como cristianos, estamos inclinados a orar en estos tiempos difíciles. Oramos por la paz. Oramos por amor. Oramos por entendimiento. Oramos por sanación. Pero, aparte de orar, ¿qué podemos hacer?

La Carta Pastoral de los Obispos Estadounidenses sobre la Corresponsabilidad afirma que “la Corresponsabilidad es parte de ser discípulos, y nos da el poder de cambiar la manera en que entendemos y vivimos nuestras vidas.”

Creo que ahora es un buen momento para reflexionar sobre esta declaración. Si cristianos corresponsables, tenemos el poder de cambiar cómo entendemos y vivimos nuestras vidas. Así que mientras estamos orando por la paz, también tenemos que poder de desarrollarla dentro de nuestras comunidades. Dios nos da los dones necesarios para hacerlo, y podemos actuar como agentes de paz si utilizamos nuestros dones para mejorar nuestros hogares, nuestras parroquias y nuestras comunidades.

Ahora hay algunas cosas que estarán fuera de nuestro control, como la retórica de nuestros funcionarios electos y los medios de comunicación. Pero lo que podemos controlar es cómo reaccionamos a él. Una vez más, tenemos ese poder como cristianos corresponsables para cambiar la forma en que entendemos nuestras vidas. Así que, si la retórica sobre un tema es negativa, estamos dotados por Dios para afrontar ese tema con positividad.

Sin embargo, al recibir dones de Dios no significa que esto será fácil. Al contrario, probablemente será difícil. Pero ser fortalecidos por Dios no significa que nuestro viaje de corresponsabilidad no tendrá obstáculos, sino que estaremos preparados para superar esos obstáculos.

Somos humanos y tal vez con todo lo que ha estado sucediendo podríamos reaccionar de manera defensiva. Si alguien dice algo negativo hacia nosotros, podríamos reaccionar agresivamente. Ahora es común en conversaciones sin importar si ocurren en persona o por redes sociales. Pero no debemos olvidar que Dios no fortalece para ser mejores.

¿Qué podemos hacer la próxima vez que veamos oscuridad y violencia en las noticias o las redes sociales? Podemos continuar orando. La oración siempre es un buen lugar para empezar y debería actuar como una base. Pero también podemos dar un paso más y discernir cómo mejor podemos utilizar nuestros dones para llevar a cabo por lo que estamos orando.

“¿Qué dones me ha dado Dios que puedo usar para promover la paz, el amor y el entendimiento?”

La respuesta puede resultar fácil para algunos. Para otros, podría tomar un amigo o mentor para ayudarnos a descubrirlo. Pero en fin, cada uno de nosotros tiene su don, y todos tenemos algo que contribuir para hacer del mundo un mejor lugar.

Eliminando un estigma con la presencia

Por Richard Rosario

Solemos temer lo que no sabemos. Podríamos también ignorar o incluso estigmatizar algo solo por no entenderlo. Como cristianos corresponsables, no debemos juzgar. Pero como seres humanos, tenemos la tendencia de hacerlo.

La salud mental era un tema que evitábamos cuando pequeño. No recuerdo haber tenido una conversación sobre la salud mental en casa, la escuela o incluso la iglesia. No hablábamos de cómo mantenerla o cómo detectar problemas. Ni si quiera sabíamos que existía la salud mental.

Pero si la salud mental es importante, ¿por qué no hablamos de eso? Porque probablemente no sabíamos que era importante.

En la escuela nos dicen que comer sano y hacer ejercicio nos ayudará a evitar ciertas enfermedades, como problemas del corazón y presión arterial alta. En casa, nos enseñaron a tener en cuenta los síntomas que podrían significar que estaban enfermos, como fiebre, dolor de cabeza, escalofríos o tos. Pero en ni en la escuela ni en la casa recuerdo haber hablado sobre cómo mantener una buena salud mental o cómo detectar síntomas o problemas con nuestra salud mental.

Tal vez las escuelas no pensaban que era tan importante como la salud física. Tal vez mis padres no sabían cómo detectar problemas de salud mental. Pero debido a la falta de información, no sabía cómo hablar sobre la salud mental.

Por ejemplo, en la escuela mis compañeros y yo podríamos haber visto el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH o ADHD en inglés) como una desventaja o que el estudiante era naturalmente propenso a ser disruptivo en clase. Si había alguien en la iglesia con problemas de salud mental, evitamos hablar de ellos o de lo que les estaban pasando.

Lo peor que alguien puede decir de una persona que está batallando con problemas de salud mental es que está loco o loca. La gente teme ser juzgados como “locos.” Si la gente decide buscar ayuda por problemas de salud mental, esto podría verse como una debilidad o incluso un defecto, más que un paso importante hacia la buena salud.

Creciendo yo oía personas decir que alguien que está deprimido, lo está por malagradecido. También escuché que la gente tiene ansiedad porque simplemente no quieren calmarse. Ninguna de estas teorías son la realidad. Al contrario, causan daño al perpetuar los estereotipos negativos que impiden que personas consigan ayuda o incluso puedan por lo menos hablar abiertamente del tema.

Ahora, ¿cómo respondemos corresponsablemente a los enfermos mentales?

Podríamos comenzar con informarnos. La salud mental es igual de importante que la salud física. Los problemas mentales son una enfermedad, como la gripe. Se debe a un desequilibrio químico en nuestro cerebro, no por decisiones personales. Nadie elige estar enfermo mentalmente.

También podemos visitar sitios web dedicados a informar el público sobre la salud mental. De esta forma, podemos aprender la verdad sobre la salud mental y aprender a reconocer los síntomas en nuestros amigos, nuestra familia y nosotros mismos.

Una de las mejores maneras que podemos responder corresponsablemente es estando presentes para aquellos que buscan nuestra ayuda. Si alguien necesita que los llevemos a obtener ayuda o sólo necesitan alguien con quien hablar, estando presente puede ser una gran ayuda.

Detectar y hablar de los problemas de salud mental podría ser algo nuevo para nosotros. Nos podría asustar o puede hacernos nervioso. Pero tenemos una responsabilidad como cristianos corresponsables de estar presente en las vidas de los demás, y eso incluye a aquellos que luchan con problemas de salud mental. Esperemos que por estar informados y estar abiertos a hablar sobre la salud mental, podemos ser mejores corresponsables y finalmente acabar con este estigma.

Viendo luz en la oscuridad

Por Richard Rosario

Trabajando en grupos puede ser, ya sea en el trabajo, iglesia o escuela. Los grupos suelen tener miembros incompatibles con las tareas que se requieren. Incluso, hasta podemos perder nuestro cabello del estrés. Sin embargo, los grupos son necesarios en muchas ocasiones. Así que, ¿qué hacemos?

Una opción es “resistir hasta cumplir.” A pesar de lo agonizante que pueda ser una situación de grupo, esta opción es continuar arduamente hasta que la tarea se ha cumplido. Esto es probablemente lo que mayoría de la gente hace. Se dan cuenta que la tarea es importante y que se tiene que cumplir.

Otra opción sería dejar o abandonar la tarea. Puede ser dejar su trabajo, dejar el ministerio o pedir hacer el trabajo de grupo por sí mismo en la escuela, pero abandonar el grupo a veces puede ser una opción viable. Después de dejar el grupo, uno puede evitarse el estrés que anteriormente venía de los esfuerzos del grupo. Y podría incluso tener beneficios, como nuevas oportunidades y mejor salud mental.

Ahora una tercera opción puede ser la más difícil, pero refleja liderazgo y buen juicio. Esta opción implica encontrar las habilidades de una persona difícil y aplicarlas donde son un ajuste más eficaz. Esto puede ser difícil porque primero se necesita averiguar los dones de las otras personas. Luego, averiguar dónde esos dones podrían encajar en el grupo. Finalmente, persuadir a la persona que sus dones serían de mejor uso en otra tarea diferente, o incluso en otro grupo diferente.

Estas tres cosas pueden ser difíciles. Primero, es difícil notar las fortalezas de alguien cuando todo lo que se nota es lo negativo de esa persona que está perjudicando el grupo. Esa persona le pude frustrar hasta tener pesadillas. Así que viendo lo bonito de alguien que nos frustra podría ser difícil.

Después de sobrepasar los negativos para ver lo positivo de la persona, ahora se tiene que saber dónde en el grupo es que eso positivo se puede utilizar. La razón que esto podría ser difícil es que quizás el grupo ya se acostumbró a trabajar con deficiencias. Creando una visión nueva y diferente para el grupo llevaría algo de trabajo.

Por último, aunque uno sea capaz de encontrar lo positivo en una persona negativa y pueda encontrar donde esos dones positivos pueden ser utilizados mejor, la persona negativa podría negar que sus deficiencias están perjudicando el grupo. Por otra parte, demostrándole a la persona negativa sus deficiencias puede hacerla sentir mal, creando tensión en el grupo que pueda impedir que la persona negativa realice sus dones.

Por estas razones, trabajar en grupos es difícil. Siempre van a ver obstáculos y barreras que impedirán cualquier progreso. Lo peor es que las barreras y los obstáculos pueden incluso dañar relaciones si la tensión persiste. Sin embargo, como fieles corresponsables, es nuestro deber superar estos desafíos.

Aprender a encontrar los aspectos positivos en situaciones negativas puede ser igual de difícil como trabajar en grupo. Pero hacerlo nos convierte en líderes laicos, reconociendo que Dios nos da dones a cada uno de nosotros. Y sí, las personas difíciles también tienen sus dones.

Así que sin importar en cual grupo trabajemos en el futuro, vamos a empujarnos para ser más que los miembros del grupo, y empecemos a ser líderes del grupo. Si aprendemos a ver la luz en la oscuridad, ya no tenemos que “resistir hasta cumplir” o dejar el grupo. Y sólo perderemos un par de cabellos de nuestra cabeza.

Dios te bendiga, no mi bolsillo

Por Richard Rosario

Oración. Estando en Texas, probablemente estamos alrededor de la oración en espacios privados y públicos. “Voy orar por ti.” “Mantenme en tus oraciones.” “Diosito te bendiga.” (A veces se le dice a una persona no atractivo o que le falta cierta inteligencia) “Hagan oración antes de comer.”

Cuando la oración está en todas partes puede ser bueno, especialmente durante la Cuaresma. La oración, limosna y el ayuno son los tres pilares de la Cuaresma. Por lo tanto, estar rodeado de oración durante este tiempo tendría que ser una bendición. ¿Correcto?

Depende. Cuando vemos a alguien que tiene hambre en la calle, oramos por él o ella. Si sabemos de alguien a quien están abusando, oramos por la víctima. Si estamos pasando por algunas dificultades, le pedimos a otros que recen por nosotros.

Toda esta oración es una buena cosa. Muestra nuestra compasión por los demás, así como refuerza nuestra comunicación con Dios. Pero, ¿qué pasa si todos solo oran, y únicamente oran como la forma de solucionar los problemas que vemos en hoy día?

¿Si alguien al lado de la carretera en necesidad y lo único que todo el mundo hace es rezar, quién les ayudará? La respuesta sería Dios. Pero Dios no es una hada madrina que por arte de magia aparecerá alimentos y recursos a la persona en necesidad. Dios trabaja a través de nosotros porque nos da a cada uno de nosotros dones que podemos utilizar para ayudar a los demás.

Así que, si vemos a alguien que está realmente en necesidad, y tenemos los recursos para ayudar a esa persona, entonces a eso es a lo que se nos está llamando. Si vemos a alguien quien están maltratando, podríamos ofrecer información sobre lugares que ofrecen recursos y ayuda para las víctimas de abusos. Debemos seguir orando no sólo para que se les ayude a personas necesitadas, pero también para darle gracias a Dios por permitirnos servir a otros con los dones que nos ha dado. Las oraciones no son sólo para tiempos difíciles, también pueden ser para los buenos tiempos.

Y si estamos pasando problemas, entonces tenemos que darnos cuenta que la solución no caerá del cielo, pero lo más probable es que vendrá de otra persona. Por lo tanto, debemos orar para que Dios abra nuestros ojos a cualquier ayuda que envía. Si estamos teniendo problemas financieros y estamos esperando dinero en efectivo, pero Dios nos envía alguien que puede ayudarnos a administrar mejor nuestros recursos, entonces podríamos estar esperando que Dios responda a una oración que ya ha contestado.

Si seguimos en la oración y comprendemos que todo lo que tenemos y todo lo que somos es debido a Dios, entonces los otros dos pilares de la Cuaresma, limosna y ayuno, serán más fácil de cumplir porque sabemos lo que Dios espera de nosotros.

En la biblia leemos “Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, 16 y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?” (Santiago 2:16)

La oración es extremadamente importante y la base de nuestra fe. Pero la oración es precisamente eso, nuestra base de donde sacamos fuerza para poder hacer las obras de Dios con los dones que él nos ha dado. No podemos ocultarnos detrás de la oración para evitar nuestras responsabilidades como personas Corresponsables.

Estar rodeado de oración es bueno, pero la Corresponsabilidad es la respuesta a esas oraciones. De esta manera, podemos ver más obras en acción en lugar de la ocasional “Diosito te bendiga.”

Cuando los tacos no llevan a las vacaciones

Por Richard Rosario

Me encanta cocinar. Por desgracia, no he podido hacerlo por asistir a la escuela. Sin embargo, un sábado por la mañana, me desperté temprano para ayudarle a mi mamá hacer tacos de almorzar.
Mi mamá iba a hacer la salsa y las tortillas. A mí me tocaba hacer huevo con papas. Primero, tenía que cortar las papas. Pero el cuchillo que saqué del cajón no tenía filo. De todos modos, traté de cortar las papas. Era extremadamente difícil y un poco peligroso. Las personas son más propensas a cortarse con cuchillas desafiladas que con cuchillos filosos.

Aún no acababa de cortar la primera papa de las 10, y ya sabía que no podía continuar. Tenía que sacarle filo al cuchillo antes de poder trabajar con las papas.

Ese cuchillo se convirtió en una metáfora de mi vida.

Desde joven, siempre trato de estar involucrado en lo máximo posible en la comunidad. Siempre trato de ayudar en todas las cosas que se pueda. A veces incluso obtengo un complejo de Mesías – siento que soy el único que sabe cómo o puede ayudar. Esto no es muy saludable.

Si le agrego mi participación en la comunidad a mi trabajo de tiempo completo, escuela, familia, vida social y vida espiritual, termino con un horario sobrecargado e irrealista. De hecho, este horario afecta a mi sueño y mi enfoque.

Pero de todos modos le sigo echando ganas con el mismo horario. Mi ansiedad me hace creer que si dejo una de las cosas en las que estoy involucrado, que soy un fracaso o estoy defraudando a alguien.

Cortando las papas en esa mañana, me puse a pensar que mi vida era como el cuchillo sin filo.

Al igual que el cuchillo sin filo no podía cortar las papas efectivamente, no puedo ayudar a alguien si no me estoy cuidando a mí mismo. Independientemente de lo duro que trabaje, no podría esperar funcionar eficientemente si no me estoy manteniéndome afilado como el cuchillo.

Tengo que parar y relajarme un poco para permanecer fuerte y afilado.

A veces parece que hay demasiado trabajo y demasiada gente para ayudar para que uno realmente pueda tomar un descanso. Ser corresponsable es ayudar a los demás. Pero si estamos tan involucrados en ayudar a los demás o incluso tan involucrados en un ministerio que estamos perdiendo sueño, no estamos siendo corresponsables de nuestros cuerpos debido a los riesgos potenciales de salud. Y como deberíamos saber, nuestro cuerpo y su función sana es un don de Dios.

Antes de que uno pueda cortar papas, nos asegúrese de que el cuchillo esté afilado. Igual nos necesitamos mantener fuertes y sanos si queremos ayudar a los demás. Básicamente, si estamos cansados y con exceso de trabajo, tomemos un descanso y vámonos de vacaciones. No estamos siendo egoístas, simplemente estamos siendo corresponsable.

Dones de mi primer trabajo

Por Richard Rosario

Pensando en mi primer trabajo, creo que era especial. Me encanta el helado y tuve el privilegio de trabajar en una tienda de helados. En ese tiempo, no lo creí porque sacar con pala el helado era más difícil de lo que pensaba. Sin embargo, veo que era un ideal “primer trabajo.”

Quizás en el momento, pensé que “yo” me conseguí mi primer trabajo. Pero, la realidad era que muchas cosas entraron en juego para que esto sucediera.

Creo que apliqué a 20 lugares diferentes. Tenía 16 años y no tenía mi propio coche, así que mi mamá y mi papá me llevaban a los diferentes negocios a dejar aplicaciones. No fue hasta que escuché de mi amiga Sierra, quien trabajaba en una tienda de helados, que por fin obtuve una oportunidad. Después de presentar una solicitud y la entrevista, el dueño decidió darme mi primera oportunidad de empleo.

Empezando mi nuevo trabajo, me di cuenta que sacar helado con pala requería mucho más trabajo de lo que me había imaginado. En primer lugar, mis manos estaban muy adoloridas la primera semana. También me dolían mis pies por estar de pie todo mi turno. Por último, mi mente estaba exhausta de medir los ingredientes para hacer el helado, o midiendo la cantidad de helado que cada cliente tenía que recibir.

La sensación de que ahorré lo suficiente para un carro usado y que ya tenía que mi propio dinero era algo que un adolescente no podría superar. Yo pensaba que era un “niño grande” e hizo algo por mi cuenta. Pero estaba equivocado.

¿Por qué estaba equivocado? Yo trabajé con el helado. Yo trabajé los turnos de noche. (Los cuales podrían durar hasta la medianoche) Yo era el empleado que estaba ganando su salario, aunque fuera el mínimo, pero de todos modos era yo. ¿Realmente no era yo quien hizo todo esto por mi propia cuenta?

Pues, no. En primer lugar, mis padres eran los que me llevaban por toda la ciudad hasta que finalmente encontré un trabajo. Mi amiga Sierra no solamente me dijo sobre el trabajo, sino también le dijo al dueño de mí antes de que nos conociéramos. Y luego el dueño fue quien me extendió la oferta. Así que mi primer trabajo no fue por mi propia cuenta, sino por aquellos que me ayudaron.

Del mismo modo, si Dios no me habría dado ciertos dones que normalmente tomamos por hecho, yo no habría podido trabajar allí. Las manos que usaba para sacar el helado eran dones de Dios. Los pies que usé para andar alrededor de la tienda eran dones de Dios. La capacidad mental que necesitaba para funcionar en ese trabajo fue un don de Dios. Por desgracia, no todos tienen estos dones.

Yo pensaba me convertí en un “niño grande” cuando conseguí mi primer trabajo, pero era que la corresponsabilidad estaba trabajando a través de otros. No lo hice solo, y Dios no descendía del cielo y me dio una solicitud de empleo en la mano. Recibí dones de Dios a través de las personas a mi alrededor.

Ese cheque de pago que recibí, también fue gracias a Dios y a los que me rodean. Por eso, ahora tengo la responsabilidad – un deber bautismal – para apreciar ese regalo y regresárselo al Señor. Ahora eso no significa dejar mi cheque entero en la canasta de las ofrendas. Pero sí significa que tengo que hacer una ofrenda intencional, proporcional y con oración cada domingo junto con un compromiso (y también cumplirlo) para nuestra campaña diocesana.

¿Quién sabía que mi primer trabajo fuera tan espiritual? Pero al fin, no fui un “niño grande” porque conseguí mi primer trabajo, sino porque reconoce los dones que me ayudaron a conseguirlo, y porque mostré mi agradecimiento dando mi ofrenda corresponsablemente por primera vez a mi parroquia y a mi diócesis.

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